Por
BIOHAZARD
![]() |
Ernesto Guevara vive más allá de pullovers y mochilas |
Vestir
al Ché no es lo mismo que sentirlo. Ponerse un pulóver con una foto del Ché no
significa que entendemos al Guerrillero.
Durante
mucho tiempo, en Cuba y en el exterior, las imágenes del Ché, esa famosa donde
parece Dios en vez de Hombre, y otras menos conocidas, se han reproducido hasta
la saciedad. Camisas, pulóveres, gorras, pañuelos, bolsos, pulseras, tenis,
banderas, ceniceros, tarjetas… tantos y tantos productos de consumo… tiene al
Ché abarrotando el mercado. ¿Acaso no se corre el riesgo de convertir al Ché…
en una marca?
La
esfinge de Ernesto Guevara constituye un símbolo, uno de esos a las que se le
llama ÍCONOS. Gracias a su cara reproducida en serie se ingresan cada año miles
y miles de dólares, porque esos productos son caros y ni siquiera se venden en
moneda nacional.
Aquí
hay varios puntos rojos. La imagen se torna ya más importante que el hombre
mismo, más sobresaliente que su pensamiento y su legado. Una tienda de ARTEX, o
del Fondo Cubano de Bienes Culturales, o de artesanos textiles, siempre con
precios en divisa, parecen altares al Ché… pero lo mismo ocurre en otros
lugares del mundo con rostros menos merecedores de tal premio, como Hanna
Montana, los RBD o cualquier futbolista o reguetonero del momento. ¿Queremos al
Héroe de la Boina
entre tales sujetos?
El
Ché no es, porque no debe serlo, un producto comercial, ni de moda. Lo mejor
que puede vestirse del Ché no es su imagen, sino su alma de hombre justo, de
luchador, de eterno rebelde de nobles empeños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario